CONCILIO NACIONAL EVANGELICO DEL PERU
CARTA
PASTORAL
ANUNCIAMOS LA VERDAD, PROCLAMAMOS LA JUSTICIA E INVOCAMOS AL PERDON
“Si
mi pueblo se humillare, orare y buscare mi rostro y se convirtiere de
sus malos caminos, entonces yo oiré su voz, perdonare sus pecados
y sanare su tierra”
II Cron. 7:14
Recuperando nuestra memoria
La presentación del informe final de la Comisión de la Verdad
y Reconciliación (CVR) nos convoca a los peruanos a un momento
crucial de nuestra historia, en tanto que nos colocará cara a cara
con nuestra memoria reciente, que da cuenta de las profundas huellas que
ha dejado la violencia.
No podemos dejar de reconocer que hay una dimensión espiritual
del momento histórico que vivimos: un evidente conflicto entre
elegir la verdad o elegir la mentira, escoger el bien o el mal. Los cristianos
debemos optar siempre por todo lo justo, todo lo honesto, por todo lo
que es verdadero, todo lo que es de buen nombre (Filipenses 4:8).
Este pasaje de nuestra historia es sin duda doloroso y cuyas secuelas
están aun manifiestas, interpelándonos e invitándonos
a la sanidad y la reconciliación.
Consideramos que el informe de la CVR será un instrumento importante
para que todos nos encontremos con la verdad y emprendamos la inmensa
tarea de la reconciliación nacional.
Confesión de pecado
La comunidad evangélica sufrió en carne propia la violencia.
Iglesias pobres de la serranía y la selva, principalmente, vivieron
en inseguridad permanente por años. El CONEP y otros grupos evangélicos
realizaron labores de misericordia con las victimas, defendimos los derechos
de ellos y buscamos ser una voz profética, de denuncia de las injusticias
y de anuncio de las buenas nuevas del Reino de Dios.
Pero debemos decir con claridad: sentimos vergüenza porque no pocas
veces callamos nuestra voz cuando debimos gritar, nos quedamos impasibles
frente a no pocas injusticias, nos cansamos pronto frente a la enormidad
de la tarea de ayuda a los huérfanos, los torturados, las viudas,
los desplazados, los presos, los heridos y mutilados, en fin, los afectados
por el terror.
Las respuestas que dimos los evangélicos fueron distintas: los
pastores y laicos que decidieron quedarse en las comunidades rurales dando
palabra de consuelo a los sufrientes; otros que sin vivir en estos lugares
decidieron llorar con los que lloran; algunos simplemente pasamos de largo,
sin ver al caído, prefiriendo la comodidad de nuestros templos.
Por eso pedimos perdón a Dios, y pedimos perdón a las victimas.
La exigencia cristiana de la reconciliación
Reafirmamos nuestra convicción que no es posible forjar la reconciliación
nacional sin la práctica de la verdad, la justicia y el perdón.
Dios nos encargó a los cristianos el ministerio de la reconciliación
(II Co. 5: 19), que presupone confesión, arrepentimiento, perdón
y reparación.
Estamos convencidos que la reconciliación que con urgencia necesita
el país será auténtica solo si descansa en la verdad
y la justicia. La verdad no puede ser dejada para mañana. El dolor
de las victimas nos exige descubrirla hoy. Los cristianos no debemos permitir
la impunidad ni el olvido hacia aquellos que fueron victimas de la violencia,
porque es una exigencia que emana del carácter propio de Dios,
porque como dice la Escritura: “La ira de Dios se revela desde el
cielo contra todo impiedad e injusticia de los hombres que detienen con
injusticia la verdad” (Romanos 1:18)
No debemos olvidar que una reconciliación genuina pasa por un arrepentimiento
de los culpables, de pedido público de perdón, de sometimiento
a las leyes y de promover acciones de restitución a las víctimas.
Justicia no es venganza, ni perdonar significa dejar de lado la justicia.
La reconciliación nacional se basa principalmente en que se reconozca
el dolor, el sufrimiento, la restitución de derechos de los peruanos
que sufrieron la pérdida o desaparición de sus familiares,
de los miles de desplazados, de los inocentes que están todavía
en la prisión y de cientos de cientos de huérfanos por causa
de la violencia.
Nuestro compromiso
Nos comprometemos como iglesia a seguir orando para que Dios sane nuestra
tierra y podamos celebrar los frutos de la justicia y la paz. Santiago
3:18
– Reafirmamos nuestro compromiso de seguir acompañando a las victimas
de la violencia y el terror, desarrollando una pastoral de la consolación
que contribuya a la restauración de los afectados, apoyando los
procesos de reparación civil. Dios esta siempre del lado de las
victimas. Salmo 140:12
– Invocamos a la sociedad a mantener su actitud vigilante frente a responsables
de administrar justicia en el país.
La reconciliación que anhelamos no puede ser concebida de una manera
gratuita, fácil y sin esfuerzo alguno. No ha comenzado ni acaba
con la Comisión de la Verdad. Es tarea de todos los peruanos, de
todos los sectores políticos, de la sociedad civil, de las iglesias.
Y es una tarea de largo aliento. Persistamos sin temor pues Dios bendecirá
a un pueblo que se humille, que le busque y lo sanara de sus heridas mas
profundas.
Comisión evangélica “Paz y Reconciliación”
del CONEP
