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Comunicados 2008

 
A UN AÑO MÁS DEL CRUEL ATENTADO DE LA CALLE 
TARATA,  REAFIRMAMOS NUESTRA CONVICCIÓN 
POR LA VIDA Y LA PAZ
El 16 de julio de 1992, un espantoso atentado terrorista conmovió al país. Esa noche, un coche bomba fue detonado en la calle Tarata, situada en una de las zonas más concurridas de la ciudad de Lima, a una hora deliberadamente elegida para causar el mayor número de víctimas. La brutal deflagración devastó totalmente un edificio de viviendas, causando la muerte de 25 personas, dejando heridas a no menos de 155, e infligiendo dolor y consternación irreparables.
 
El atentado de la calle Tarata fue un crimen imperdonable, un crimen de lesa humanidad, cometido por orden expresa del jefe de la organización terrorista Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, actualmente condenado a cadena perpetua, pena máxima prevista en la ley, al igual que otros terroristas involucrados en acción tan cruel. La acción de la justicia no debe detenerse hasta sancionar con el rigor de la ley a todos los que tuvieron responsabilidad en tal atrocidad.
 
Las víctimas del atentado de la calle Tarata eran hombres y mujeres como todos, compatriotas nuestros, trabajadores esforzados y honrados, padres y madres, hijos e hijas, hermanos y hermanas nuestros, que fueron masacrados con la misma fría y criminal decisión con que los terroristas masacraron a 69 personas en la comunidad campesina de Lucanamarca, diez años antes, y a tantos miles de peruanos en aquel tan terrible como extenso periodo de violencia, que no debe volver jamás.
 
Al cumplirse un año más desde aquella fecha nefasta, renovamos nuestro recuerdo y nuestro homenaje condolido a las víctimas del atentado de la calle Tarata, cuyo holocausto, tanto como el de Lucanamarca, simboliza el sufrimiento que impuso el terrorismo sobre nuestro pueblo, a lo largo y ancho de todo el país, y forma parte de la resistencia civil que descalificó y venció para siempre, política y moralmente, al terrorismo.
 
Sea esta fecha, una oportunidad para renovar el rechazo decidido de todos los peruanos y peruanas a la violencia, proceda de donde proceda, y una oportunidad de afirmar nuestra convicción por hacer del respeto a la vida, la paz, la justicia y el bien común los valores centrales de la vida social de nuestro país.
 
Lima, 16 de julio de 2008
 
Coordinadora Nacional de Derechos Humanos